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Cómo se esconden los tumores del sistema inmunológico - y cómo la ciencia está contraatacando

Tu sistema inmunológico está diseñado para detectar células anormales, incluidas las cancerosas, entonces, ¿por qué no siempre funciona? Así es como los tumores evaden la detección, y cómo una nueva generación de tratamientos los está exponiendo.

Sintetizado por IA a partir de las fuentes citadas a continuación.

Una de las preguntas más comunes que la gente hace después de un diagnóstico de cáncer es sencilla: ¿acaso el cuerpo no tiene ya un sistema para combatir aquello que no debería estar ahí? La respuesta es sí, pero el cáncer ha desarrollado un notable conjunto de trucos para eludirlo. Entender esa batalla es clave para comprender tanto por qué el cáncer es tan difícil de vencer como por qué una nueva generación de tratamientos está cambiando las probabilidades.

**Cómo maneja normalmente el sistema inmunológico a las células rebeldes**

Cada día, las células de tu cuerpo se dividen, y de vez en cuando, alguna de esas divisiones sale mal, produciendo una célula con ADN anormal. En un sistema inmunológico sano, esto no suele ser un problema. Unos glóbulos blancos especializados llamados linfocitos T patrullan el cuerpo constantemente, revisando la superficie de otras células en busca de marcadores -fragmentos de proteína que se exhiben como credenciales de identificación- que revelan lo que sucede en su interior. Las células anormales o infectadas suelen mostrar marcadores anormales, que los linfocitos T y otras células inmunitarias, como las células asesinas naturales, reconocen como una señal para destruirlas. Este proceso, llamado vigilancia inmunológica, ocurre constantemente y en su mayor parte de forma invisible; se cree que el sistema inmunológico elimina muchas células potencialmente cancerosas antes de que lleguen a convertirse en un tumor detectable.

**Por qué el cáncer a veces logra pasar de todos modos**

Las células cancerosas que sobreviven lo suficiente como para formar un tumor son, por definición, aquellas que encontraron formas de eludir este sistema de vigilancia. Los investigadores han identificado varias estrategias distintas que utilizan los tumores:

Algunas células cancerosas simplemente dejan de mostrar los marcadores que normalmente las señalarían como anormales, volviéndose esencialmente invisibles para el proceso de identificación del sistema inmunológico. Otras secuestran activamente los propios mecanismos de seguridad del sistema inmunológico. Normalmente, el sistema inmunológico cuenta con "interruptores de apagado" incorporados -llamados puntos de control- que evitan que los linfocitos T ataquen el propio tejido sano del cuerpo. Muchos tumores aprenden a activar estos puntos de control de forma artificial, esencialmente ondeando una bandera blanca que le indica a los linfocitos T cercanos que se retiren, aunque el tumor sea peligroso.

Los tumores también pueden remodelar física y químicamente el tejido que los rodea -lo que los investigadores llaman el microambiente tumoral- convirtiéndolo en una zona hostil para las células inmunitarias. Reclutan otros tipos de células para que liberen señales que suprimen la actividad inmunológica, privan a la zona de los nutrientes que las células inmunitarias necesitan para funcionar, y crean barreras físicas que dificultan que los linfocitos T se acerquen lo suficiente para atacar. Algunos tumores van más allá, liberando enzimas y otras moléculas que desactivan activamente a los linfocitos T que logran atravesar esas barreras.

La inestabilidad genética del cáncer -el mismo rasgo que lo hace peligroso en primer lugar- también le ayuda a adaptarse. Los tumores están formados por miles de millones de células genéticamente similares pero no idénticas, y bajo la presión del sistema inmunológico, las células con mejores trucos de evasión tienen más probabilidades de sobrevivir y multiplicarse, evolucionando esencialmente su resistencia en tiempo real dentro de un mismo paciente.

**Cómo los tratamientos modernos atacan esta lucha directamente**

Este conocimiento ha transformado el tratamiento del cáncer a lo largo de aproximadamente la última década a través de una categoría llamada inmunoterapia, que no ataca directamente a las células cancerosas como lo hacen la quimioterapia o la radiación, sino que busca restaurar o potenciar la propia capacidad del sistema inmunológico para encontrar y destruir el tumor.

El ejemplo más conocido son los inhibidores de puntos de control, fármacos que bloquean precisamente esos "interruptores de apagado" que explotan los tumores, liberando esencialmente los frenos del sistema inmunológico para que los linfocitos T puedan volver a atacar. Estos han producido respuestas dramáticas y duraderas en cánceres como el melanoma y ciertos cánceres de pulmón que antes se consideraban casi intratables en etapas avanzadas, aunque no funcionan para todos los pacientes ni para todos los tipos de cáncer.

Otro enfoque, la terapia con células CAR-T, toma los propios linfocitos T del paciente, los modifica genéticamente en un laboratorio para que reconozcan más eficazmente un marcador específico del cáncer, y los reintroduce en el cuerpo como una especie de arma viva y dirigida. Ha mostrado resultados particularmente sólidos en ciertos cánceres de la sangre, como algunas leucemias y linfomas.

Las vacunas contra el cáncer -distintas de las vacunas preventivas como la del VPH- también se están desarrollando para entrenar al sistema inmunológico a reconocer marcadores específicos del propio tumor del paciente, dándole esencialmente a los linfocitos T un cartel de búsqueda más detallado con el que trabajar.

**Por qué esto importa más allá del laboratorio**

Ninguno de estos enfoques es una cura universal, y los investigadores reconocen abiertamente que los tumores todavía pueden adaptarse y desarrollar resistencia a la inmunoterapia de la misma forma en que evaden la vigilancia inmunológica natural. Pero el cambio de estrategia -tratar el cáncer en parte como un problema de evasión inmunológica en lugar de puramente un problema de crecimiento celular- ya ha extendido la supervivencia de muchos pacientes con cánceres que tenían pocas buenas opciones hace una generación, y sigue siendo una de las áreas más activas de la investigación oncológica actual.

Key facts

  • T cells normally detect and destroy abnormal cells by reading protein markers on their surface
  • Tumors evade detection by hiding markers, hijacking immune 'checkpoints,' and reshaping the tissue around them
  • Checkpoint inhibitor drugs block tumors' ability to switch off nearby T cells
  • CAR T-cell therapy re-engineers a patient's own T cells to better target their specific cancer

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